Salvando las plantas que dan salud

Cuando la hierba crezca encima de mi sepultura,biodiversidadplantasmedicinales
Sea ésa la señal para que me olviden del todo.
La naturaleza nunca se acuerda, y por eso es bella.
Y si tuvieran la necesidad enfermiza de «interpretar»
La hierba verde sobre mi sepultura,
Digan que continúo para verdecer y ser natural
«El guardador de rebaños» Fernando Pessoa como Alberto Caeiro

Nuestras queridas plantas medicinales han sufrido durante los últimos cincuenta años una feroz agresión que las ha puesto en serio riesgo desde todo punto de vista: se ha desvalorizado el saber popular y su uso cotidiano, se las ha prohibido; se las ha depredado de sus lugares de crecimiento silvestre; se han aniquilado las culturas tradicionales que originaron los conocimientos y por si esto fuera poco las multinacionales farmacéuticas se están arrojando sobre ellas como la nueva presa que les permite seguir engrosando sus arcas.
Trataremos de ir desarrollando cada una de estas problemáticas y de sugerir las cosas que podemos hacer para actuar positivamente frente a las mismas.

Para ello es importante entender a las plantas medicinales dentro de los dos grandes mundos en que existen: como parte de la naturaleza y como parte de la cultura humana. O quizás ir más allá: darnos cuenta que ellas son un gran puente tendido desde los albores de la humanidad entre las personas y la naturaleza y que ineludiblemente debemos entenderlas en ese contexto.

Las plantas medicinales forman una parte muy importante de la Biodiversidad  o Diversidad Biológica de nuestro planeta que los seres humanos hemos ido descubriendo y conociendo a lo largo de los siglos estableciendo vínculos que no solo ayudaron al cuidado de la salud sino que también enriquecieron la cultura y la identidad de los pueblos. (fragmento del libro Sanarnos con Plantas)

Pero ¿Qué es la biodiversidad?

Tratando de buscar una buena definición para el término biodiversidad, entre otras fuentes recurrí al Diccionario de la Lengua Española Sopena del año 1949 que mi padre usó en sus estudios y aún me acompaña. ¡La palabra Biodiversidad no existía en ese entonces!

Sin embargo la biodiversidad ha estado presente desde el primer ser vivo que surgió sobre la tierra y vale la pena que la comprendamos.

Vayamos a las dos partes que conforman la palabra
BIO: significa vida
DIVERSIDAD: significa conjunto de cosas distintas

Por lo tanto la Biodiversidad es el conjunto de cosas vivas distintas, o sea la variedad de todos los seres vivos que habitamos nuestro planeta.

Si bien la palabra biodiversidad no es un término muy difundido ni conocido, todos nosotros convivimos y aprovechamos permanentemente la biodiversidad de nuestro entorno; es más ¡Somos parte de ella!.

mercadoplantasBiodiversidad es lo mismo que diversidad biológica. Esta se presenta en la variedad que hay dentro de una misma especie. ¿O a usted le gustaría ser igualito a su vecino?. Y en la variedad de distintas especies que conviven dentro de un mismo espacio. Y en la variedad de espacios (ecosistemas) con características distintas que existen en el planeta. Y en todas las relaciones que se establecen entre los seres dentro de los ecosistemas y entre los distintos ecosistemas entre sí.

Y las personas hemos sido desde nuestros primeros pasos en la tierra criadoras y generadoras de biodiversidad. Cada una de las especies con las que nos fuimos relacionando para comer, curarnos, protegernos o recrearnos fueron siendo modificadas por nuestra acción y fueron adquiriendo características propias de acuerdo a las características del lugar y del pueblo que las adoptó. Cientos de variedades de arroz en Asia o de maíz en América son la mejor prueba de la acción diversificadora de los humanos.

Y aunque no tengamos plena conciencia, la biodiversidad es esencial para la continuidad de la vida en la tierra.

¿Y por qué hacemos esta afirmación tan fuerte?

Porque el equilibrio de la vida y los distintos ecosistemas se mantiene gracias a la diversidad de seres vivos que en él existen.

Cada uno de los animales, vegetales y microorganismos que existimos tenemos un rol en la gran rueda de la vida y cada uno de nosotros dependemos de otros seres para mantenernos vivos. Por ello la variedad de todo lo vivo representa mayores oportunidades de subsistencia, mayores posibilidades de equilibrio y mayor complejidad.

Sencillamente: la diversidad es sinónimo de vida. La homogeneidad es sinónimo de muerte.

¿Y qué lugar ocupan las plantas medicinales como parte de la Biodiversidad?
Como ya lo mencionábamos anteriormente las plantas medicinales han sido en todas las culturas uno de los puentes más importantes que los seres humanos tendimos con la naturaleza. Pero este puente no ha sido tendido de la manera simplista en que hoy recurrimos a los remedios. Resulta imposible imaginarse a cualquier nativo yendo al monte a buscar una hierba para tratar un malestar de la misma manera en que nosotros recurrimos a una pastilla ante el menor síntoma que aparece.

El uso de las plantas medicinales surgió de un complejo vínculo establecido por las culturas ancestrales con la naturaleza en el que la magia, la religión, las ceremonias y rituales tuvieron un lugar tan importante como la misma planta. Y si bien en la actualidad la ciencia occidental afirma con absoluta liviandad que este conocimiento ha sido adquirido simplemente por «prueba y error» nosotros estamos seguros de que existen otros canales de comunicación por los que las personas llegaron a «conocer» las plantas y sus usos. Quizás no podamos explicar como se produjo ese aprendizaje pero sabemos que ese «misterio» es una parte importante del vínculo que nosotros hemos construido con ellas.

Y en épocas recientes todos los pueblos del mundo, campesinos o habitantes de las ciudades han continuado alimentando este conocimiento y manteniendo los lazos con la madre tierra.

Y particularmente en América los siglos recientes han visto como las culturas indígenas y criollas enriquecieron sus conocimientos con los saberes traídos por los colonizadores e inmigrantes generando un complejo nuevo saber que ya tiene sus propias características. Y ese saber sigue siendo un puente único que nos liga a la naturaleza y que solo requiere de nuestra voluntad y compromiso para que lo atravesemos y lleguemos a maravillosos territorios de conocimiento y salud.

Hablemos de las amenazas que sufren en el presente nuestras plantas

Así como toda la biodiversidad del planeta se halla amenazada y a pesar de las voces de alarma que han surgido durante los últimos cuarenta años, las plantas medicinales también han sufrido la agresión de una cultura que ha hecho de la homogeneidad (y por lo tanto la muerte) su principal bandera.

Veamos como a lo largo del siglo que acabamos de abandonar las plantas fueron perdiendo prestigio, espacio y valor. Y a pesar de que en los últimos años se las ha comenzado a revalorizar; aún son muchas las amenazas que penden sobre ellas.

Los yuyos, cosa de antiguos, pobres y brutos

A medida que el siglo XX «cambalache» fue avanzando, un modelo cada vez más deshumanizado y mecanizado de atención de la salud se fue imponiendo en forma muy agresiva en todas partes. Y uno de los ejes principales de ese modelo fue la utilización de los medicamentos de síntesis como principal arma para combatir las enfermedades. Con ellos y de la mano de los grandes laboratorios farmacéuticos las plantas comenzaron a ser desplazadas y remplazadas a pesar de haber sido la base principal de la cual surgió toda la farmacia «moderna».

Cargados de prejuicios, los sistemas oficiales de salud que fueron surgiendo embistieron (con los médicos a la cabeza) contra las plantas medicinales acusándolas de «inseguras», «tóxicas», «poco científicas», «cosa de curanderas» y otras descalificaciones de las cuales seguramente usted habrá sido testigo y podrá aportar alguna nueva. Las sociedades que continuaron usando las plantas se consideraron «primitivas» y se logró que una madre se tuviera que avergonzar de darle plantas a sus hijos (como lo había hecho su madre con ella) o le ocultara al «doctor» sus prácticas.

De esta forma muchas abuelas se han ido muriendo sin transmitir sus conocimientos a nadie; llevándose con ellas miles de años de aprendizaje que sistemáticamente se transmitía de generación en generación. Y miles de abuelas envejecen hoy esperando poder contarle y transmitirle a alguien su saber. ¿Quién dijo que todo está perdido?

Arrasando nuestra casa

Y así como la atención de la salud pasó a ser el negocio de la enfermedad; la producción de alimentos dejó de ser una tarea de agricultores para convertirse en una gran industria que bajo los mismos principios se abalanzó contra todas las tierras del globo para beneficio de grandes empresas (casualmente las mismas que hoy manejan la industria farmacéutica).
Con «la revolución verde» y bajo la excusa de producir alimentos para un planeta cada vez más superpoblado se impuso un modelo de agricultura basado en el cultivo de una sola especie en grandes extensiones de tierra (monocultivo) utilizando maquinaria agrícola pesada y gran cantidad de agroquímicos. Así se fue desplazando la agricultura tradicional que incluía una gran cantidad de especies en sus cultivos (incluidas por supuesto las plantas medicinales) por este modelo homogeneizante y destructivo. Al mismo tiempo enormes extensiones de bosques y selvas nativas fueron desmontados para el uso agrícola perdiéndose para siempre los hábitats naturales de miles de plantas medicinales y desapareciendo muchas de ellas en este proceso.

Los resultados están a la vista: desertificación, pérdida de especies y ecosistemas y más hambre e inequidad en el mundo que nunca.

Para completar el panorama desalentador ahora se ha sumado la introducción de las semillas transgénicas en la agricultura que profundiza la homogeneización y los riesgos para el medio ambiente y la salud.

Pueblos indígenas: ¿recuerdos del pasado o una mirada al futuro?

Como ya lo hemos afirmado, los pueblos originarios de todo el planeta fueron los que a través de miles de años de investigación, experimentación y aprendizaje fueron conociendo y transmitiendo de generación en generación las posibilidades que las plantas ofrecen para el cuidado de la salud. Lamentablemente el avance de la sociedad occidental, el colonialismo y el neo-colonialismo fueron despojando a estos pueblos de sus tierras, su cultura y sus recursos naturales. El aniquilamiento directo, la marginación, la pérdida de tradiciones, la migración a las grandes ciudades y la desvalorización de su  forma de vivir, vestirse, alimentarse y curarse han signado la historia de 500 años de un genocidio del que aún nuestra sociedad no se hace cargo.

Pero también es importante no olvidar que en todo el mundo esas culturas siguen vivas y reclamando por sus derechos. Desde la escuela se nos transmite que los «indios» son una cuestión del pasado y se ignora que decenas de pueblos indígenas  siguen hoy resistiendo, creciendo y transmitiendo su cultura a aquellos dispuestos a escucharlos. También en el terreno del uso de las plantas medicinales hay allí un profundo conocimiento que en primer lugar debemos respetar y dejar florecer y en segundo término nos brinda la posibilidad de aprender y sanarnos.

Y como ya lo mencionamos el conocimiento sobre las plantas no solo está presente en las culturas indígenas sino en toda las culturas populares de todas las partes del planeta. Y allí también la homogeneización y la desvalorización de las culturas locales hacen peligrar ese preciado vínculo con las plantas y la naturaleza.

Las piratas de la vida

Pero así como los conocimientos tradicionales son despreciados y desvalorizados; las grandes multinacionales farmacéuticas han «descubierto» que el conocimiento de los pueblos indígenas tiene un enorme valor para ellas y se han lanzado a la «caza» de los mismos en todo el mundo.

¿Por qué?

Porque cada planta utilizada desde hace cientos de años surgió del trabajo de investigación de las comunidades y significa para los Laboratorios la posibilidad de aprovechar este conocimiento para reducir notablemente el costo del rastreo de nuevos productos.

¿Y cual es el procedimiento?

El primer paso se llama «bioprospección» (los ecologistas lo llamamos biopiratería) y consiste en visitar a las comunidades indígenas e interrogarlas sobre las plantas que utilizan y llevarse esta información y ejemplares de las especies citadas. En algunos casos estas entrevistas se realizan sin la autorización de la comunidad ni el país de origen y en otros se realizan contratos con las comunidades o el país para realizarlas.

En segundo lugar las plantas son investigadas en los laboratorios de estas empresas para confirmar a través de ensayos químicos y farmacológicos las posibilidades terapéuticas que brindan. Estos ensayos duran muchos años.

Por último en el caso de que se obtenga algún resultado positivo los laboratorios patentan la planta, su extracto o sus principios activos para el uso que han «descubierto».
Y de allí se pasa a la etapa de comercialización del producto.

En el mejor de los casos se acuerda la entrega de una pequeña parte de las ganancias a las comunidades o Estados que brindaron la información. Aún en este caso creemos que convertir a las plantas en una nueva mercancía no traerá ningún beneficio ni a los pueblos ni al medio ambiente.

Por otro lado los contratos de bioprospección representan de por sí una amenaza al libre fluir del conocimiento, ya que siempre tienen cláusulas de confidencialidad sobre la información que se produce. Y además ponen a los pueblos en una situación de competencia en relación  a quien es el dueño del saber y quien lo puede vender. Por ejemplo: el conocimiento Mapuche sobre una planta, ¿Es de los Mapuches de Chile a de Argentina?
Si bien esta es una problemática muy compleja y es unos de los principales ejes en la discusión internacional sobre el uso de la biodiversidad y los beneficios que ella brinda; nosotros pensamos que la apropiación de los conocimientos tradicionales de los pueblos y  su conversión en mera mercancía es  una amenaza para las plantas y las culturas que solo beneficia a estos mercaderes de la muerte.

 

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