Protegiendo la Biodiversidad: ¿Qué podemos hacer nosotros?

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Aunque este panorama no se presente para nada optimista nosotros creemos que tenemos y podemos hacer mucho en defensa de nuestras plantas. Y hay una razón fundamental para ello: LA VIDA SIEMPRE SE ABRE PASO.

Además lo cierto es que desde comienzo de los años 80 se inició en el mundo un proceso de revalorización de las plantas medicinales que ha movilizado acciones, conciencias y búsquedas que promovieron nuevos vínculos de las personas y la naturaleza, de las personas entre sí y nuevas actitudes en relación a la salud personal y comunitaria. Este libro es producto de ese proceso.

Es por ello que los invitamos a través de las siguientes propuestas a poner su propio granito de arena para salvar las plantas que dan salud. El siguiente «decálogo» contiene algunas ideas que esperamos los movilicen a la acción. No son una receta rígida  a aplicar sino una invitación a la re-creación de las mismas y a la invención de nuevas propuestas e ideas.
(fragmento del libro Sanarnos con Plantas)

1- Establezcamos un nuevo vínculo con la naturaleza

Quizás en esto se encuentre uno de los secretos más importantes para transformar nuestra relación con el medio ambiente y re-encontrarnos con las infinitas posibilidades que la naturaleza nos brinda.

Necesitamos salir de los mecanismos de explotación para construir vínculos de cooperación con todos los seres vivos.

Necesitamos ponernos en un plano de igualdad con todos los seres que la Madre Tierra ha creado para abandonar nuestro antropocentrismo (el hombre como centro de todas las cosas).

Necesitamos cultivar la humildad frente a los misterios de la vida.

Necesitamos empezar a practicar hoy el lenguaje de la naturaleza.

¿Y cómo lo hacemos?

Permitiéndonos el contacto con espacios naturales caminando por los espacios verdes de nuestra ciudad o saliendo de ella cuando nos es posible.

Abriendo nuestros sentidos para ver, oler, tocar, sentir y gustar las maravillas que cada ser viviente significa.

Permitiéndonos simplemente estar en contacto con la naturaleza, tirándonos en el pasto o subiendo a un árbol y dejando que esa percepción que va más allá de los sentidos nos atraviese

2- Cultivemos plantas medicinales en nuestros jardines o balcones

Cultivar las plantas medicinales es una tarea sencilla que nos permite obtener hierbas de primera calidad y tenerlas bien al alcance de nuestra mano (ver el Capítulo Conociendo y procesando nuestras plantas para la parte práctica). Pero además el cultivo es también una manera de protegerlas y de ayudar a su permanencia y vigencia. Cada vez que nosotros recogemos una plantita del campo o el potrero y la sembramos le estamos dando una oportunidad más de vivir. Y cuando recogemos semillas y se las pasamos a algún amigo o vecino la vida se regocija por su fluir. Y de esta manera aún en un departamento en un vigésimo piso de la ciudad de Buenos Aires o México la naturaleza puede decir presente modificando un poquito nuestros vidas.

¿Y cómo lo hacemos?

Experimentando el cultivo en macetas o jardines.

Trabajando con nuestros niños en un proyecto común.

Transplantando las hierbas que crecen silvestres en nuestro barrio.

Regalando plantas medicinales vivas a nuestros amigos, con las instrucciones para su cuidado y uso.

Reemplazando plantas ornamentales exóticas por plantas medicinales que pueden de esa manera cumplir varias funciones y además también son muy hermosas.

3- Protejamos los lugares en los que crecen silvestres

La naturaleza es pródiga y nos ha brindado generosamente una enorme variedad de plantas que permiten sanarnos y disfrutar de sus sabores y propiedades. Es nuestra responsabilidad permitir que puedan seguir multiplicándose libremente y creciendo a lo largo de todo el planeta. Por ello es muy importante la protección de los ecosistemas nativos.

Pero es importante no «reducir» los espacios naturales a los Parques Nacionales u otros sitios protegidos. Nosotros necesitamos mantener los espacios naturales a nuestro alrededor y aprender a satisfacer nuestras necesidades sin destruirlos.

¿Y cómo lo hacemos?

Si tenemos un terreno podemos dejar una parte de él para que allí la naturaleza se exprese libremente. Veremos a los pocos meses la variedad de especies que allí se desarrollan y los tesoros que esconde.
Valorando el «potrero» de la otra cuadra como fuente de esparcimiento y recursos.
Informándonos y visitando las reservas y sitios protegidos de nuestra comunidad y país.

4- Recreemos los ecosistemas naturales
Así como la naturaleza genera rápidamente sus propios espacios y avanza aún sobre el cemento si se lo permitimos, también nosotros podemos ensayar un nuevo vínculo con ella tratando de recrear un ecosistema natural de nuestro entorno en nuestra propia casa. De esta manera podremos aprender sobre los ecosistemas viviéndolos de cerca: viendo como se producen los equilibrios y los desequilibrios, observando qué especies llegan primero, que función cumple cada una, qué insectos y animalitos van apareciendo, etc. Y disponiendo de plantas medicinales de la manera más natural en que estas se desarrollan. Y por otro lado creando un espacio que será seguramente muy decorativo y original.

¿Y cómo lo hacemos?

Recorriendo nuestro entorno y observando las especies que naturalmente allí se desarrollan. Se sorprenderá al descubrir en pleno centro de la ciudad plantas medicinales creciendo en los bordes de las veredas, en las macetas, en las paredes y en las casas.

Observando las condiciones en que lo hacen, en qué suelo, con cuánta humedad, si es al sol o a la sombra, etc.

Reproduciendo estas condiciones en nuestra casa destinando un lugar específico para ese objetivo.

Transplantando poco a poco las especies que encontramos y ayudándolas a adaptarse.
Observando el fluir de la vida y sus ciclos.

5-Denunciemos la depredación

Durante los últimos 30 años el consumo de plantas medicinales se incrementó a partir de  la búsqueda de millones de personas en todo el planeta de medicinas alternativas para el cuidado de la salud. Y en general el aprovisionamiento de ellas proviene de su lugar de crecimiento silvestre. Y para colmo se las ha recolectado de manera indiscriminada y agresiva durante todo este tiempo. Por lo tanto la situación de muchas de ellas es muy delicada y los recolectores tienen que ir cada vez más «arriba» o «adentro» para encontrarlas. A esto se suma que el avance de la agricultura y la forestación industrial ha destruido miles de hectáreas de monte y selva nativas en las que las plantas medicinales crecían espontáneamente
Por lo tanto otro de los aportes que podemos hacer para proteger nuestras plantas es no permitir que esta depredación siga ocurriendo.

¿Y cómo lo hacemos?

Estando atentos a las actividades que se realizan en nuestro entorno.

Apoyando las denuncias que otras personas u organizaciones realizan.

Informándonos sobre el origen de las plantas medicinales que consumimos y la actitud de su envasador hacia la protección de las mismas.

Promoviendo una legislación a nivel local, provincial o nacional que proteja a las plantas medicinales y promueva una recolección racional de las mismas

6-Incorporémolas en nuestras huertas

Además de los beneficios que nos brindan para sanar nuestro organismo las plantas medicinales son también excelentes compañeras de las hortalizas en nuestra huerta. Existen decenas de asociaciones favorables (plantas que creciendo juntas se favorecen mutuamente) en las que las plantas medicinales cumplen funciones protectoras, repelentes de plagas o favorecedoras del crecimiento de nuestras verduras. Por ejemplo la menta es una buena aliada de las legumbres.

Dado que muchas de ellas son también alimenticias no hay mejor lugar que la huerta para tenerlas a mano y disponibles para cualquier uso que querramos darles.

De esta manera incrementaremos la diversidad de nuestra huerta, que de por sí significa mayor salud para ella y también la embelleceremos con nuevos colores y aromas.

¿Y cómo lo hacemos?

Informándonos sobre las distintas asociaciones positivas de plantas medicinales y hortalizas en la bibliografía.

Haciendo una lista de las plantas que más empleamos y buscándoles su lugar en la huerta
Consultando a nuestro vecino que tiene esa hermosa quinta sobre las asociaciones que emplea.

Experimentando nosotros nuevas asociaciones dejándonos guiar por la intuición y el espíritu de investigación.

7-Mantengamos los conocimientos de nuestros mayores

En toda familia y en todo barrio tenemos algún abuelo o abuela que atesora una extensa sabiduría y conoce yuyos, su forma de usarlos y cientos de secretitos para mantenernos sanos que seguramente fueron útiles en nuestra infancia.

¿No será hora de sentarnos a su lado y disponernos a escuchar y a aprender todo lo que puede transmitirnos? Pensemos que quizás mañana ya no contemos con sus conocimientos y que a lo mejor sea el depositario último de un saber que con él puede perderse para siempre.

Y por otro lado ¿cuánto bien podemos hacerle a nuestros abuelos demostrándoles cuanto nos importan y que valoramos su saber?

También podemos rastrear en nuestra memoria, nuestros recuerdos; donde seguramente se encuentran olores y sabores de nuestra infancia que nos conectan con las plantas y los usos que nuestros padres les dieron para cuidarnos.

¿Y cómo lo hacemos?

Trabajando para salir de nuestra aceleración cotidiana para permitirnos entrar en ese «otro tiempo» de los ancianos.

Abriendo los oídos y la mente a todo lo que puedan transmitirnos.

Haciendo reuniones en la que invitemos a los abuelos a contar a nuestra familia o grupo su saber.

Ejercitando la memoria a partir del contacto con las plantas, sus olores y sabores.

Si somos docentes podemos trabajar con nuestros alumnos para que pregunten y aprendan de sus abuelos sobre los yuyos que usaban y/o usan.

8-Aprendamos de las culturas ancestrales

Tal como anteriormente lo afirmábamos las culturas ancestrales de nuestra tierra permanecen vivas y en los últimos años han tenido un renacimiento que las ha llevado a buscar defender y transmitir su cultura como una forma de fortalecer su identidad.

Nosotros podemos aprender de ellas con apertura y respeto a aquellos que se brindan para ayudarnos a crecer.

Uno de las cosas importantes a tener en cuenta es que muchos conocimientos ancestrales son sagrados para estos pueblos y no se comparten con el resto de las personas. De la misma forma las ceremonias muchas veces también deben ser realizadas en ausencia del hombre blanco.

Siempre que nos acerquemos a una comunidad indígena debemos trabajar por abandonar nuestros prejuicios sobre como «deben ser las cosas» para disponernos a entrar en otras formas de pensamiento y vida.

¿Y cómo lo hacemos?

Averiguando si en nuestro medio hay organizaciones de pueblos indígenas y acercándonos a ellas.

Participando de las actividades públicas que realizan.

Apoyando sus luchas para recuperar sus tierras, por tener una educación bi-cultural y porque se los respete como Pueblos.

Aprendiendo de sus modos de curar y de las plantas que utilizan.

9-Apoyemos y realicemos campañas de protección

En 1988 la Organización Mundial de la salud junto con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y el Fondo Mundial para la Vida Silvestre lanzaron una campaña que se llamó «Salvar las plantas que salvan vidas».

A partir de allí en todo el mundo fueron surgiendo iniciativas locales para concientizar y difundir la necesidad de proteger a las plantas medicinales. Muchas Organizaciones No Gubernamentales han realizado campañas locales y regionales que en muchos casos produjeron resultados alentadores. Durante la ECO 92 en Río de Janeiro estuvimos participando del Foro Global y junto a muchas otras organizaciones y personas realizamos un documento con propuestas para proteger las plantas medicinales.

Además en la actualidad se están llevando adelante muchas campañas relacionadas a la temática; como las que se realizan a nivel internacional contra la Biopiratería o las que se oponen al patentamiento de seres vivos.
También desde 1992 está vigente a nivel internacional el Convenio sobre la Diversidad Biológica que establece los lineamientos que todos los países del mundo deben seguir para lograr una protección efectiva de la biodiversidad. Argentina lo ha ratificado con más de 100 países de todo el mundo. Es nuestro desafío conocer este Convenio y exigir su cumplimiento.

¿Y cómo lo hacemos?

Informándonos sobre las actividades y campañas que se están llevando adelante en nuestro medio.

Juntándonos con otras personas preocupadas por la problemática para buscar alternativas y propuestas.

Creando nuestra propia campaña en el barrio para movilizar a los vecinos a partir de la realidad local.

Difundiendo la información que recibamos a través de fotocopias, envío de e-mails, etc.

10- Seamos multiplicadores

Y de aquí en más, todo queda en nuestras manos: ahora podemos correr a contarle a nuestra vecina las cosas que hemos aprendido. O iniciar en la escuela un Jardín de plantas medicinales. O visitar la radio de nuestra comunidad para hablar de yuyos. O hacer un artículo para el periódico local. Lo importante es dejar fluir nuestra creatividad e imaginación para contagiar a quienes nos rodean

¿Y cómo lo hacemos?

Asumiendo en primer lugar que los cambios que deseamos que ocurran en nuestro entorno están en nuestras manos y por pequeña que sea cualquier acción que emprendamos marcará una diferencia.

Estando atento a las oportunidades que a diario  se nos presentan para enseñar y compartir conocimientos.

Siendo creativos y dejándonos llevar por aquello que más nos gusta y para lo que nos sentimos más capaces.

Abriéndonos a los mensajes que la vida nos envía y a las señales que en cada instante nos va dejando.

Escuchando esa voz interior que nos dice: ahora es tu oportunidad, ADELANTE!

 

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